martes, 24 de julio de 2018

Querido conductor:


Quiero que sepas que, allá lejos y hace tiempo, compraste un auto que posee luces de giro, de posición, bajas, balizas y frenos.
Otra cosa que me interesa hacerte saber, y supongo que a otra parte de la población también, es que al llegar a una intersección es conveniente, por vos y por mí, que aminores la marcha así no dañamos nuestros respectivos autos y mucho menos a nosotros. Por favor, y lo digo con preocupación, es necesario que cuides tu vida y todo empieza por ahí.
Algo más, cuando vayas a girar, recordá que detrás tuyo, casi seguro, hay otro conductor que puede que no tenga la bola de cristal al día. Muchos no tenemos la VTV al día así que imaginate lo jodido que es no tener esa esfera brillante para adivinar que vos querés cambiar de rumbo hacia la derecha o la izquierda.
Cuando llegues a la zona que deseas llegar, por favor -y esta vez de verdad- poné balizas para avisar, eh. Así el de atrás se ahorra la puteada por lo bajo o por lo alto. Y si sos de los que ponés balizas justo enfrente de la zona a estacionar te merecés una buena gastroenteritis, posta. Ponelas un toque antes y te ahorrás este mal deseo.
Y por último, vos conductor... Recordá que en avenidas o calles doble mano NO se debe girar a la izquierda porque así lo indica la Ley Nacional de Tránsito Nº 24.449, en su artículo 44 inciso f, salvo que exista una señal que lo permita.
Ahora sí, zonzo... Si hacés más o menos bien estas pequeñas cositas, vos y yo podríamos tener una buena relación en las calles. Una amena... como la de esas familias que se juntan a comer cada tanto y recuerdan viejos tiempos. Mirá que si te portás bien te puedo hasta llegar a invitar un café porque no, unas birras no te voy a invitar y menos si después tenés que manejar.


Gracias por todo.
Abrazo gigante, conductor.

viernes, 21 de abril de 2017

CARTA DESESPERADA



Buenos Aires, 21 de abril de 2017


A quien corresponda:

Hoy tuve que hacer un llamado, un llamado a los gritos que me costó la vida. Hoy tuve que pedirle a alguien que me ayude, que venga a rescatarme pero no llegó. No llegó porque él me atrapó antes. No llegó porque, aunque lo intentara, él estaba decidido a terminar conmigo. Terminar de la peor manera… terminar con mi vida.
Hoy tuve que hacer un llamado, un pedido de auxilio. Así… A los gritos y casi sin que se me entendiera nada. Les pido disculpas, no podía hablar claro… es que me estaban matando.
Yo estaba desesperada y ahí estaba mi hijo de siete años. Y yo me estaba muriendo. Y él me estaba matando.
Hoy, ya sin nada que hacer por mí, les quiero hacer un pedido a ustedes, a todos ustedes, hombres de Argentina. Hoy quiero hacer hacer otro pedido de auxilio: por favor, dejen de matarnos. Porque todos ustedes nos matan. Y si digo todos no es que estoy exagerando, no, no, no… es real, es palpable y lamentable. Porque sí, nos matan todos los días. Y me vuelven a matar con sus comentarios machistas, con sus “Habrá que ver qué es lo que habrá hecho para provocarlo así”, porque no, yo no hice nada para que me mataran. Yo no pedí que él me amansijara, yo no pedí que él tomara el cuchillo de la cocina y terminara con mi vida una y otra vez, una y otra vez hasta que se me fue el último aliento, hasta que ya no quedó nada de mí.
Ustedes me matan otra vez cuando escucho cosas así. Ustedes nos matan a todas cuando piensan que una mujer puede denunciar falsamente a un hombre, acusado de abuso, sólo por el hecho de estar enojada con él o porque busca venganza. No tienen ni idea de lo que significa tener que soportar que un hombre te tome por la fuerza, que crea que sos de su propiedad, que te toque sin tu consentimiento, que te invada de la peor manera, que satisfaga sus deseos sin pensar en los nuestros, en que nosotras dijimos NO. Ustedes no saben lo que significa tener que escuchar en un oído la respiración agitada del otro mientras se te caen las lágrimas por el dolor. Por ese dolor que va más allá de lo físico. Por ese dolor que queda instalado y que se clava en el alma como una espina y que acompaña toda la vida. Ustedes no tienen idea de lo que significa tener que acostumbrarse a que en la calle cualquiera te pueda decir lo que quiera, que tengas que oír, desde la adolescencia, esos comentarios que para ustedes son piropos, para nosotras acoso.
Y NO, NO TE VOY A PERMITIR QUE DIGAS QUE LA VIOLENCIA ES VIOLENCIA SIEMPRE. No te voy a permitir que digas que todos la sufrimos porque sí, puede que exista la inseguridad pero ese, ahora, no es el tema. A mí me mataron a golpes y a cuchillazos. Yo tuve que llamar al 911 para defenderme de él, tuve que pedir auxilio por el sólo hecho de ser mujer. Tuve que ir a una comisaría y aceptar que un oficial no me tomara la denuncia, tuve que pelear para que sí lo hiciera, tuve que soportar que se me subestimara, que se me violentara otra vez porque no podía ejercer un derecho tan simple como el de poner una denuncia. ESO ES VIOLENCIA. YO ESTOY MUERTA POR COSAS COMO ESTA. Yo estoy muerta porque todo este sistema no me tuvo en cuenta, porque al Estado le importó un soberano carajo lo que a mí me pasara porque sus funcionarios no estaban disponibles cuando quise poner acciones en su contra.
ESTO NO ES VIOLENCIA EN GENERAL… los hombres no sufren estas violencias. Las sufrimos nosotras. Los hombres no soportan que al ir por la calle alguien te pase por al lado y te diga guarradas casi al oído, nosotras sí. A la mayoría de los hombres no los abusan, a nosotras sí.  A los hombres no los matan por ser hombres, a nosotras sí.
Por eso yo les pido, por favor, que no nos subestimen más, que no jueguen más con nosotras, que no desestimen las luchas, porque esas marchas, porque esas denuncias -hechas en el momento y sin vueltas- pueden evitar otra muerte como la mía.
Me encantaría decirles que quedo a su disposición pero no va a ser posible, me van a tener que disculpar, porque a mí… a mí me mataron.

Desde ya, muchas gracias por su atención y por su futura colaboración.



Graciela Velasco.

miércoles, 18 de enero de 2017

Sherlock -Monólogo final de Mary- (SPOILERS EVERYWHERE)



"PD: Os conozco a los dos. 
Y si no estoy, sé en lo que os podéis convertir porque sé quiénes sois en realidad: Un yonqui que resuelve crímenes para colocarse y un médico que nunca volvió de la guerra. 
¿Escucharéis quiénes sois en realidad? No importa. Lo que importa es la leyenda, las historias, las aventuras. 
Hay un refugio para los desesperados. Los no amados, los perseguidos. Hay un último tribunal de apelación para todos. 
Cuando la vida resulta demasiado extraña, demasiado imposible... demasiado espantosa, siempre hay una última esperanza. Cuando todo lo demás falla, dos hombres discuten sentados en un piso cochambroso. Como si siempre hubieran estado ahí y siempre vayan a estar. Los mejores hombres y los más sabios que he conocido, mis chicos de Baker Street: Sherlock Holmes y el doctor Watson." 

______________________________________________




Nunca hice esto y creo que tal vez no se repita nunca. Pero esta serie fue tan pero tan grandiosa que merecía una despedida así. Más arriba acabo de transcribir el monólogo final de Mary, la esposa de Watson, que de alguna manera extraña logra captar la esencia de los personajes y de toda la serie en sólo unas palabras.
TODAVÍA ESTOY MARAVILLADA y si ahora mismo me preguntaran qué deseo sabría perfectamente qué contestar... que nuestra tele, la tele argenta se parezca aunque sea un milímetro a la TV británica y a esta serie. Pido poco, ¿no? Pero bueno, de sueños también se puede vivir. Y si la vida es justa y sigo trabajando y esforzándome como hasta ahora, e incluso un poco más, yo podré escribir alguna vez un diálogo como el de arriba.


jueves, 13 de octubre de 2016

Estudiar siempre es el camino

Cada tanto y cuando me siento inspirada se me da por escribir este tipo de textos. No sé si es que la reflexión me lleva a tener que contar, desde mi lugarcito, parte de mi experiencia, no sé la vorágine de la loca vida que llevamos me hace observar alguna cosas y de repente exploto, no sé si el pensamiento llega invadiéndome de golpe o si es algo que tengo guardado desde hace tiempo y sólo cuando es posible pasarlo a un papel es que llega a mí. No es que tampoco importe demasiado cómo llego a este proceso creativo pero a veces me llama la atención.
Lo cierto es que, cada tanto, también a veces escribo para que me lea mi hermana, mis amigas, mi familia o un simple extraño… da igual. Pero necesito expresarle sobre todo a otros que mi experiencia también puede ser la tuya, que tu problema pudo haber sido el mío y que nada es tan grave como parece. No es que sea soberbia, o al menos no es esa mi intención, simplemente tecleo para que te reconozcas en alguna palabra. Cuando consigo eso… mi trabajo ya está hecho. Porque una de las cosas más gratificantes para alguien que escribe es que alguien comente su laburo y se reconozca en él… aunque sea con una pequeña frase.
Y todo este preámbulo, que tal vez no es tan claro, tiene que ver con la que creo es mi vocación y mi pasión. Suena trillado, lo sé… pero ¿a quién le importa? Lo que quiero decir es que yo siempre busqué esa vocación. Desde chica… y creo que tenía claro que mi vida tenía que ver con el arte pero no sabía a dónde me iba a llevar. Recuerdo que ya a los 13 decía que iba a ser actriz y que me llevé una buena cagada a pedos por eso, y todavía resuena en mi mente ese: ¿Y de qué vas a vivir? Con eso te vas a cagar de hambre. Tiempo después llegó la danza, el fitness, las clases como profe, las clases como alumna –de todos los estilos y colores- pero el teatro no llegaba. Sí vino el teatro musical y estudiando y laburando en ello fui muy feliz. Pero algo faltaba. Y yo no sabía qué era eso.
Años después, entre el trabajo, la rutina, una relación que era más bien tumultuosa y conflictiva y el estudio… empecé a escribir. Escribí sin parar: en casa desde la compu, en el laburo a mano, en los viajes con el celular pero escribí. Y así, me salvé. Así pude romper con todo y buscar ilusión en una vida que no la tenía. Escribir, imaginar, sonreír, llorar y sentir a través de lo que escribía me llevaba a un lugar en que nadie más podía entrar. Sólo yo. Porque, obvio, todavía no mostraba lo que escribía. Así volví a tener energía y volví a encontrarme porque estaba perdida, muy lejos de mí.
Pasé un par de años boludeando con eso e incluso empecé a hacer distintos cursos relacionados con la escritura pero el 2014 iba a ser bisagra para mí.
Esa nueva (que no era tan nueva porque recuerdo que,  siendo muy pendejita, escribía algunos poemas bastante malos) pasión me había llevado a desear lo imposible, a esforzarme por estudiar y entrar en una escuela pública.
Ayudada e incentivada por dos amigas y apoyada por mi esposa fue que me inscribí para dar el ingreso en un terciario de gran prestigio. Estudié un par de meses, leí obras de teatro, analicé series nacionales y extrajeras, vi películas que en mi vida creí que iba a ver para entrar a ese instituto.
Llegó febrero y rendí el primer examen. Sólo recuerdo que estaba tremendamente nerviosa y que vi a unos cuantos seres humanos que estaban más o menos como yo. Esperé la nota tachando los días y sí, había pasado a la siguiente etapa: la entrevista personal. Creo que eso me daba más miedo que el escrito. Fui a rendir y rogué que no me tocara una mesa y sí, fue la que me tocó. Entré justamente después de que una chica salía a las puteadas de ahí. Supuse que los tres profesores que tomaban la prueba estaban de mal humor y además, muertos de calor. Y sí, en algo tenía razón… en el calor. Pero lo cierto es que, más allá de eso, los profes fueron super amables y hasta incluso creo que la pasé bastante bien. El resultado estuvo claro pero los nervios aparecieron igual, necesitaba sí o sí que me dieran la respuesta. La ansiedad se había apoderado de mí. Y jamás me había pasado algo así, nunca en mi vida había sentido tanta emoción para entrar a estudiar. O sí, pero no de esa forma tan especial. Creo que tenía que ver con que era un terciario, como un ambiente que no había curtido nunca. O sea, yo había estudiado mucho pero mi experiencia tenía que ver con la conchudez que sufren algunas actrices y con cuidar mis zapas de danza porque corrían peligro de pérdida pero no tenía ni idea de sentarme con un montón de gente desconocida y compartir lo que escribía, de cómo eran los locutores que me iba a cruzar, ni los productores, ni mucho menos los operadores. El tema es que la ilusión y las ganas que tenían se llevaban la grande.
Después llegó la adaptación, el conocer a los compañeros, el hacer amigos, el escribir, escribir, escribir y seguir escribiendo; el stress y el agotamiento. También las lágrimas porque sentía que no llegaba con nada pero yo seguía insistiendo. Es algo que siempre te va a pasar si elegís estudiar en una escuela pública. Todo el sistema, créase o no, está preparado para que vayas contra la corriente. Los profesores pueden ser maravillosos, otros pueden ser inaguantables y te preguntás, más de una vez, por qué extraña razón están al frente de una cátedra, por qué no se dejan de joder y se van a tirar al sillón de su casa en pantuflas en vez de estar ahí pasándola mal. Pero el día que te encontrás con ese profe que te ayuda, que te prepara, que colabora con vos, que siempre tiene la palabra indicada… es impagable. En ese momento entendés lo que significa la Escuela Pública y sabés que la gran mayoría está ahí, como vos, por amor a la profesión, porque dan todo y más para que vos estés preparado para ese futuro del que muchos gastan horas y horas hablando. Pero lo cierto también es que nada está servido, todo es difícil: los apuntes se pierden, la calefacción está apagada la mayoría de las veces y te cagás de frío, el baño casi nunca tiene papel pero no te importa porque vos seguís ahí. Y si seguís es porque algo hay, no importa la carrera que vayas a elegir. Eso es lo de menos… este país siempre fue un quilombo y lo va a seguir siendo, entonces ¿para qué vas estudiar administración de empresas o ingeniería si tus ganas y energía están puestas, por ejemplo, en las artes visuales? Largá los planos a la mierda, el Excel al diablo y preparate para dibujar o pintar. Al fin y al cabo… es tu vida. Tuya y sólo tuya. Jamás dejes que otro elija por vos porque el que va a tener que recorrer el camino vas a ser vos. Preparate para llenar tus expectativas, no las de los otros. Preparate para ser más feliz estudiando y achinando los ojos viendo por novena vez El Ciudadano Kane porque tenés que analizarla una vez más, una madrugada en la que seguramente preferís estar durmiendo.
Andá a estudiar pero porque lo deseas vos. Hacé como yo… encontrate con esa gente con la que jamás hubieras pensado encontrarte, intercambiá ideas, proyectos y vivencias. Hablá de Barthés mientras chupás un mate lavado y de fondo alguien recita una cumbia porque eso te va enriquecer mucho más que una cuenta bancaria abultada. Estudiar siempre es el camino.
Estudiar nunca es al pedo, estudiar nunca te deja a pata. Siempre pero siempre sirve y me lo digo a mí misma cuando pienso: ¿para qué carajos me va a servir estudiar sobre Realismo Francés? ¡La puta madre!, pero quién te dice que en el futuro no tenga que hacer un documental y por eso que parece una huevada salve un par de horas de investigación o ya sepa para dónde tengo que orientarla.
Hace unos días, hablaba con un profesor… y me decía: Dale, escribí. Hace tiempo que me venís prometiendo eso y nunca me lo mandás y tiene razón… porque acá estoy escribiendo otra cosa, para mí y tal vez para vos pero que sé que vale la pena. Siempre vale la pena.
A mí empezar a escribir me salvó, estudiar me hace feliz y más allá de sus típicas problemáticas amo ese instituto… Amo al ISER por todo lo que ya me dio y lo poco o mucho que me está dando y por lo que sé que me va a dar.
Estudiar es una tabla de salvación, es el lugar donde podés encontrar gente como vos que comparte los mismos extraños problemitas… Así que no seas boludo y no pierdas el tiempo y andá a estudiar porque estudiar es el camino.





miércoles, 21 de septiembre de 2016

Escribo

Escribo desde hace tiempo. Escribo porque puedo y porque, a veces, no. Escribo porque lo necesito y porque así pude escapar. Escribo porque así sano y porque duele. Escribo porque me salva y porque, también, me atrapa.
Escribo aún cuando quiero huir y porque frente a una hoja en blanco soy más valiente. Escribo cuando las palabras no salen en voz alta y porque, al teclear o al deslizar mi lapicera en un papel, puedo pensar con claridad.
Escribo cuando me enojo, cuando soy feliz, cuando lloro. Escribo cuando creo que estoy contenta y termino lagrimeando.
Escribir hace que viva mil veces y pueda ser muchas personas a la vez.



Escribo porque respiro y porque así soy más persona. Escribo porque así… escribiendo, soy la mejor versión de mi misma.
Escribir me hace más humana, más terrenal y pasional. Escribir hace que vea a la humanidad e intente no juzgarla tan duro.
Escribir hace que, todavía, tenga confianza en el mundo.
Escribir me levanta cuando sólo quiero derrotarme.
Escribir me enseña todos los días.
Escribir es lo que intento aprender todos los días. Porque escribo también estudio, y estudiando soy; y siento y mientras aprendo… sigo escribiendo. 

martes, 30 de agosto de 2016

No tenemos paz.


Hace días que no duermo. Hace días que me duele la cabeza y el alma. Cada mañana, cuando me levanto después de haber dado mil vueltas en la cama, parece que todo va en cámara lenta.

Antes tenía una rutina, ahora ya no puedo sostenerla. Desde que pasó eso en la plaza ya nada está tranquilo, ya no tengo; no tenemos paz.

Ahora sólo me ocupo de que ella esté bien. Necesito verla dormir, necesito ver que se hidrata, vigilar que coma, que se bañe e incluso me animo a intentar hacerla sonreír. Aunque no lo consigo y eso me frustra. Tengo unas ganas locas de abrazarla fuerte, de cobijarla entre mis brazos y cantarle como lo hacía cuando era chiquita, como cuando sus manos se perdían entre las mías. Quiero agarrarla y meterla dentro mío, meterla dentro de mi vientre para que nadie le haga daño. Pero no puedo y eso me desespera más, y más. En cambio, lo único que hago es plantarme en la puerta de casa como un patova para defender a mi nena, para defenderla de los agravios y de la violencia. De ese mismo tipo de violencia que se generó en la plaza. No, tal vez no de la misma, pero sí de una muy parecida.

Procuro, cada día, que ella no se acerque a la computadora, que no entre en sus redes sociales. Ya le confisqué el celular para que no vea todo lo que esos energúmenos le dicen a mi hija. Sin embargo, a veces no puedo detenerla y ella ve, porque además lo percibe, huele en el aire lo que sucede, siente lo denso que es el ambiente y además escucha los gritos y las amenazas que llegan por la ventana.
Ya le dije que tiene que cerrar su perfil pero no sé si eso va ayudar en algo. Quiero decirle que todo va a estar bien, que todo se va a resolver pero no estoy tan segura de eso todavía. Tengo miedo, tengo mucho miedo de que a ella le pase algo. Y de que yo no esté ahí para cuidarla.

Es un desastre. Todo es un desastre desde que pasó eso en la plaza. Ella no estaba ahí, ella no es la culpable. Y desde ese día hay alguien que sufre. Todos sufrimos porque desde ese mediodía no tenemos paz.
Un pibe lucha por su vida y la mía por recuperar la suya. Él está en el hospital y ella está encerrada como si ella hubiese sido responsable de que un par de chicos le destrozaran la cara. Y todo porque ese par de pibes no saben arreglar las cosas hablando. Y todo porque acusan a mi hija. A ella la juzgan y la condenan sin tener idea de lo que pasó, y ella sólo quiere saber cómo está su amor. Y ahí tampoco puedo ayudarla porque esa madre, esa mujer repleta de dolor -a la que no pienso criticar-, la madre de ese pibe que se aferra a la vida le dijo asesina a mi hija.

Ella sólo quiere recuperar su rutina, ir a su escuela como aquel último día que pudo dar su presente. Como ese mediodía en el que se aburrió en su clase de matemáticas mientras a su amor, que hacía unos días la había dejado, le pegaban hasta mandarlo al hospital.

Ella no estaba filmando la golpiza, ella estaba en su escuela, haciendo lo que hacen los adolescentes ahí: aprendiendo, aburriéndose, disfrutando con sus amigas e incluso llorando en los recreos por ese novio que ya no la quería... ella estaba viviendo una vida tranquila.

Desde ese día, desde que pasó eso en la plaza ella no puede hacer eso. Desde ese día su vida cambió, ella no puede caminar por la calle, ella no puede ir a bailar, no puede tener celular, ella no puede mirar sus redes, ella no puede dormir tranquila. Ella está encerrada, al igual que ese golpeador que ya está preso. Ella no puede tener paz y nosotros tampoco.



viernes, 3 de junio de 2016

Siete años

Hola, mi negra. ¿Cómo estás? ¿Cómo te sentís hoy? Seguro dormiste mejor... Te veo mejor cara...Ya te extrañaba.  
Hoy te traje pollito al spiedo de las cinco esquinas, es más caro que el de la otra cuadra, pero yo sé que éste es tu preferido. Además, hoy estamos de fiesta. Cumplimos siete años juntos… Qué increíble ¿No? cómo pasa el tiempo.
Se nos viene lo más difícil, por eso que dicen todos… lo de la crisis de los siete años… Vamos a tener que ser más fuertes para encararla. Seguro este tiempo juntos, nos va a venir bien.
Bueno, che… No me mires así… Es una idea, nada más. Andá a saber si nos toca a nosotros la crisis ésa. Capaz, tenemos suerte y no nos pasa… Aunque, pensándolo bien, puede ser pura sanata. Un invento de los psicólogos… Andá a saber.
Bueno, basta… No me mirés más así. Basta. No me gusta cuando me mirás así. No puedo más, te juro que no puedo más. Estoy haciendo todo esto por nosotros. ¿No lo entendés todavía?
Ya sé que hace tiempo que estamos separados pero quiero volver.
Nadie te puede amar como yo. Nadie.
Ya sé que todos me dijeron que me aleje, que te deje vivir en paz, que soy egoísta, que estoy loco, que no te quiero bien, pero ellos no lo pueden comprender ¿Qué saben ellos del amor? ¿Qué saben de nosotros? No lo entienden… porque aunque lo niegues sé, que en el fondo, todavía me amás.
Por favor, mi negra.
¿Qué te pasa? ¿Por qué llorás? ¿Por qué no dejás que te toque? No me rechaces, no me dejes. Sos lo único que tengo, lo más importante en mi vida.
¿Por qué te negás? ¿No me querés más? ¿Qué carajos hago si eso es verdad? No llorés, no llorés más. No te quiero ver llorar.
¿Por qué no te das cuenta de que hago esto por nosotros? Vos tenés que volver conmigo. Son siete años juntos. Siete.
Mirame… ¡MIRAME TE DIGO!
Basta, basta... No corrás más la cara. Dejame que te bese, que te acaricie.
Sabés que no te conviene: No me hagas enojar. ¡No me quiero enojar!.
Me gustaría saber qué pensás sobre todo esto pero sé que si te desato, vas a empezar a gritar.
Lo único que quiero es que te vuelvas a enamorar de mí.
Tenés que entender mi amor por vos. Te quiero proteger, te quiero cerca mío. Yo te quiero cuidar… te quiero cuidar de esos hijos de puta que te miran, que te desean y que te quieren coger.
¿Ves? ¿Ves? Siempre es igual… no me valorás. ¡No ves todo lo que hago por vos! No ves de lo que soy capaz. No te quiero perder. No quiero hacerte mal… Yo sólo te quiero amar. Quiero que dejés de llorar. ¡Quiero que me vuelvas a amar!
Sólo vos podés protegerme de mí mismo, amor... Sólo vos.